Que no vengan los años, que no vengan las arrugas, ni las canas, ni la pesadez, que exista una pócima de la juventud como en la película "La muerte le sienta bien", y que nunca pero nunca dejemos de ser jóvenes, radiantes y llenos de vitalidad.
Mi párrafo anterior no es más que un mero sueño, un deseo que no se hará realidad y que de poder pedírselo a un genio en una botella tampoco quisiera que me lo concediera.
Los años pasan sí, pero porque así debe ser, cada persona cumple un papel determinado en la vida, diferentes roles, diferentes facetas, diferentes modelos, pero todos con una misma meta, ser felices, tal y como está escrito en la constitución de los Estados Unidos de Norteamérica: buscar la felicidad.
De qué nos sirve lamentarnos o preocuparnos del pasar del tiempo si al final todos vamos a crecer igual, si no podemos hacer nada para revertir el reloj, vivamos cada día disfrutando de lo que nos da vida, respiremos hondo, tomemos fuerza de donde tenemos y de donde no y sigamos en el camino.
Las oportunidades, que son nuestras estrellas fugaces, vienen en el momento preciso, nos dan el impulso que necesitamos para cumplir nuestras metas, los días malos nos ayudan a valorar los buenos, las lágrimas a querer reír con más frecuencia, cada elemento tiene su propio fin, aprendamos a jugar con ellos.
Ríanse de los días malos, de las cosas mal planeadas, de los cambios a último minuto, porque son esos imprevistos los que les dan color a nuestro existir, si vamos a envejecer en algún momento, seamos felices los momentos en los que nos toque serlo, para los que tenemos el síndrome "Mónica Geller" nos es difícil dejarnos llevar, pero tenemos que pensar que no todo es perfecto y que en lo imperfecto también puedes descubrir algo bueno.
No sé que piensen ustedes pero yo quiero ser una anciana que vea su pasado con tranquilidad porque hizo la mayoría de cosas que quizo, porque disfrutó y vivió, con los años encima pero los años bien puestos.
Volviendo al primer párrafo del post, que pasen los años, que vengan las arrugas, las canas, la ligereza en vez de la pesadez y que no nos quiten la experiencia porque cada capítulo que vivamos por más terrible que sea será para estar cada vez más cerca de nuestra felicidad.
![]() |
| Escena de la pócima de la juventud "La muerte le sienta bien" |


-Hola, Wendy-dijo él, sin notar ninguna diferencia, pues estaba pensando sobre todo en sí mismo y a la escasa luz su vestido blanco podría haber sido el camisón con que la había visto por primera vez.
ResponderBorrar-Hola, Peter -replicó ella débilmente, encogiéndose todo lo posible. Algo en su interior clamaba: «Mujer, mujer, suéltame.»
-Eh, ¿dónde está John? -preguntó él, echando en falta de repente la tercera cama.
-John ya no está aquí -dijo ella con voz entrecortada. -¿Michael está dormido? -preguntó él, echando un vistazo por encima de Jane.
-Sí -respondió ella y entonces sintió que estaba siendo desleal a Jane además de a Peter. -Ése no es Michael -dijo rápidamente, no fuera a ser castigada. Peter miró con más atención. -Eh, ¿es alguien nuevo?
-Sí. -¿Chico o chica? -Chica. Ahora tendría que entenderlo, pero nada. -Peter -dijo, vacilando-, ¿estás esperando que me vaya volando contigo? -Claro, por eso he venido. Añadió con cierta severidad: -¿Has olvidado que hay que hacer la limpieza de primavera? Ella sabía que era inútil decirle que se había saltado muchas limpiezas de primavera. -No puedo ir -dijo en tono de excusa-. Se me ha olvidado cómo volar. -No tardo nada en volver a enseñarte. -Oh, Peter, no malgastes el polvillo de las hadas en mí. Se había levantado y por fin lo asaltó un temor. -
¿Qué pasa? -exclamó, encogiéndose. -Voy a encender la luz -dijo ella-, y entonces lo verás. Casi por única vez en su vida, que yo sepa, Peter se sintió asustado. -No enciendas la luz -gritó. Ella revolvió con las manos el pelo de aquel niño trágico. Ya no era una niña desolada por él: era una
mujer adulta que sonreía por todo ello, pero con una sonrisa llorosa. Luego encendió la luz y Peter lo vio. Soltó un grito de dolor y cuando aquel ser alto y hermoso se inclinó
para cogerlo en brazos se apartó rápidamente. -¿Qué pasa? -volvió a exclamar. Ella tuvo que decírselo. -Soy mayor, Peter. Tengo mucho más de veinte años. Crecí hace mucho tiempo. -¡Prometiste que no lo harías!
-No pude evitarlo. Soy una mujer casada, Peter. -No, no es cierto. -Sí y esa niña de la cama es mi hija. -No, no lo es.
Pero supuso que lo era y se acercó a la niña dormida con el puñal levantado. Naturalmente, no lo clavó. En cambio, se sentó en el suelo y se echó a llorar y Wendy no supo cómo consolarlo, aunque en tiempos podría haberlo hecho con gran facilidad. Ahora no era más que una mujer y salió corriendo de la habitación para tratar de pensar.
envejecer como Fausto ?!
ResponderBorrarHola, qué tal? Sí, pero sin querer ser joven de nuevo porque ya viviste lo que tuviste que vivir. :)
ResponderBorrarMi vida debería ser: Nacer, Ser Niño y Ser Jubilado..!!
ResponderBorrar